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“La libertad de expresión no puede ser el pretexto para perpetuar violencias machistas”, una de las principales conclusiones de la IV edición de LIDEResA

Reconocidas periodistas expertas en género, entre ellas María Ángeles Samperio, representante de la FAPE y presidenta del Consejo de Género de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), y mujeres representantes de sectores en los que la violencia mediática tiene una mayor virulencia como el deporte, la política y la abogacía, se reunieron en el Ateneo de Madrid para analizar la violencia que sufren las mujeres en los medios de comunicación y la destrucción de su imagen y reputación que esta práctica genera

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¿Los medios de comunicación pueden acentuar aún más la discriminación y desigualdad hacia las mujeres? o ¿son las crisis de reputación en parte generadas de manera intencionada por los propios medios? A estos y otros interrogantes se dio respuesta durante la celebración de la IV edición de LIDEResA, organizada por la agencia iMADES Communication con la colaboración de Corresponsables, Freeda Media y Relevo como media partners.

La Delegada del Gobierno contra la violencia de género Carmen Martínez Perza, expresó en la apertura institucional que “los medios de comunicación tienen una importante labor porque el tratamiento informativo no solo afecta a la imagen de las mujeres, sino también a su desarrollo y bienestar más básico que está relacionado con derechos fundamentales de primer orden”. Ésta fue una de las principales conclusiones que se escucharon entre quienes participaron en una iniciativa, LIDEResA, puesta en marcha en 2022 con el objetivo de valorar el talento de las mujeres y su liderazgo en todas sus vertientes, así como visibilizar aquellas situaciones que dificultan la consecución de una igualdad de género real y efectiva en la sociedad.

Reconocidas periodistas expertas en género y mujeres representantes de sectores en los que la violencia mediática tiene una mayor virulencia como el deporte, la política y la abogacía, se reunieron en el Ateneo de Madrid para debatir acerca de “Violencia Mediática y Género: Impacto en la reputación de la mujer”. Todas ellas pusieron el foco de atención en unas dinámicas sexistas que continúan reproduciéndose en los medios de comunicación, perpetuando patrones socioculturales reproductores de la desigualdad y generadores de violencia contra las mujeres.

En palabras de Carolina Pecharromán, directora del programa Objetivo Igualdad y Editora de Igualdad de RTVE: “Las mujeres nunca hemos sido el argumento de autoridad porque son los hombres quienes ocupaban los puestos de poder. Esto hace que a la mujer se le cuestione, la mujer mienta o no tenga nada que decir en los medios de comunicación”. Ésta es solo una de las razones que explican una mala praxis informativa que se analizó en una primera mesa de debate moderada por la periodista y corresponsal internacional Rosa María Calaf y en la que también participaron María Ángeles Samperio, presidenta del Consejo de Género de la Federación Internacional de Periodistas (FIP); y Clara Amechazurra, head of Content de Freeda Media, quien declaró que “la objetividad es el nombre que se da en la sociedad patriarcal a la subjetividad masculina, como dice Adrienne Reich, escritora estadounidense”.

Todas ellas trajeron a colación la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en la construcción de la identidad de las mujeres como creadores del imaginario colectivo. No en vano, el lenguaje sexista, sensacionalismo en titulares, cosificación y revictimización son solo algunos de los patrones que se pueden encontrar en una cobertura informativa que distorsiona la realidad y refuerza estereotipos y prejuicios contra las mujeres. Por ello, consideran que la formación es la única vía para lograr un cambio.

Impacto en la imagen y reputación de las mujeres

El problema añadido es que el tratamiento hacia las mujeres en los medios de comunicación puede llegar a ejercer “una condena”, incluso en algunos casos premeditada, hacia ellas. Esto lastra en muchas ocasiones su trayectoria profesional y genera consecuencias devastadoras en el plano personal, dado el perjuicio que se genera sobre su imagen y reputación. Uno de los casos más recientes es el de la futbolista Jenni Hermoso, del cual hablaron Alba Adá, doctora en Ciencias de la Comunicación especializada en Deporte y Género; y Natalia Torrente, redactora en el medio Relevo, quien también mencionó otros casos menos conocidos de deportistas que también han sido víctimas de violencia mediática, como son Ana Peleteiro o Fátima Diame.

Titulares como “Jenni deja caer a Rubiales” o “Ana Peleteiro rompe con Iván Pedroso y será entrenada por su marido” son solo un ejemplo de unas narrativas que afectan y determinan negativamente la imagen de las mujeres, desaprovechando la oportunidad que tienen los medios de tomar conciencia social e intentar cambiar el lenguaje, pues en la labor informativa el fútbol es una forma de llegada directa a la sociedad.

Los perjuicios que genera la mala praxis periodística, especialmente en contextos de crisis, también se pueden observar en otros sectores como la política que llevan aparejados una elevada exposición mediática de las mujeres que la ejercen. Es el caso de Isabel García, asesora en políticas de Igualdad y Diversidad, quien puso de relieve cómo la violencia política se concentra en las mujeres, siendo su objetivo perpetuar los roles del patriarcado. Además, explicó cómo las mujeres tienen más posibilidades de acceder a puestos de liderazgo en contextos de crisis, ya que se busca una persona que funcione a la que hacer “responsable” en esta situación. Esta dinámica, conocida como “acantilado de cristal”, explica el mayor riesgo de fracaso posterior que ellas sufren.

De la misma manera, Paqui Granados, asesora Jurídica del Centro Municipal de la Mujer de Macarena y que trabaja en coordinación con el equipo legal de Juana Rivas, se refirió a ésta como víctima de una violencia de género extrema “en una connivencia perfecta entre violencia vicaria, violencia institucional y violencia mediática”. En este caso, además, Paqui ha sufrido en primera persona violencia de género de segundo orden, fenómeno que alude a la violencia mediática e institucional que pueden sufrir las profesionales que atienden a víctimas de violencia de género, llegando incluso a ser imputadas como posibles autoras/es de delitos. Así, la violencia mediática se refuerza porque hay una violencia institucional que la alimenta y se retroalimenta.

Comunicar con perspectiva de género, una asignatura pendiente

Incluir la perspectiva de género en el lenguaje y prepararse para prevenir crisis comunicacionales es clave para preservar la imagen y reputación de las mujeres. María Garzón Molina, socia Fundadora de iMADES Communication, impartió un taller de buenas prácticas en el que hizo hincapié en la importancia de que las mujeres tomen conciencia acerca de la necesidad de prepararse para tomar el espacio publico desde el punto de vista mediático y sean acompañadas en el proceso por profesionales de la comunicación que conozcan esta realidad y sepan cómo manejarla.

En resumen, los medios de comunicación tienen una enorme capacidad e influencia para moldear la opinión pública y es por ello por lo que, a través de la representación de las mujeres, son en gran parte responsables de la discriminación y el fomento de la violencia simbólica hacia ellas. Revertir esta situación es posible, siempre y cuando haya conciencia y voluntad para comunicar teniendo en cuenta la perspectiva de género, tal y como quedó patente en la IV edición de LIDEResA llevada a cabo gracias a las agrupaciones ateneístas Ágora y Juan Negrín.

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