La Federación pide a las administraciones y a los responsables de los centros médicos que informen con puntualidad y transparencia a fin de que los ciudadanos reciban los conocimientos que les permitan enfocar el problema con serenidad
Ante el surgimiento de nuevos casos de enfermos por el coronavirus, la FAPE hace un llamamiento a todos los medios de comunicación para que informen con rigor y datos reales, verificados y contrastados sobre este problema, sin recurrir a enfoques amarillistas o sensacionalistas que solo pueden crear situaciones de miedo generalizado.
Igualmente, pide a las administraciones, ya sean estatales como autonómicas, y a los responsables de los centros médicos que informen con puntualidad y transparencia sobre esta enfermedad a fin de que los ciudadanos reciban un bagaje de conocimientos que les permitan enfocar el problema con serenidad y apliquen las medidas de autoprotección que recomienden las autoridades sanitarias.
La FAPE recuerda a los periodistas que nuestro Código Deontológico nos reclama que, sin perjuicio del derecho de los ciudadanos a la información, respetemos el derecho de las personas a su propia intimidad e imagen, sobre todo en el tratamiento informativo de los asuntos en que medien elementos de dolor o aflicción en las personas afectadas.
En estos casos, el periodista evitará la intromisión gratuita y las especulaciones innecesarias sobre los sentimientos y circunstancias de las personas afectadas, sin olvidar que las restricciones sobre intromisiones en la intimidad deberán observarse con especial cuidado cuando se trate de personas ingresadas en centros hospitalarios o en instituciones similares.
La función social que protagoniza el periodismo en provecho de la comunidad tiene su máxima expresión en las crisis y conflictos. Reconocida nuestra influencia en la formación de la opinión pública, debemos ser conscientes de que los titulares y las noticias alarmistas, sensacionalistas o amarillistas siembran la desconfianza y pueden crear un estado de alarma que no se corresponda con la realidad.
En ese mismo sentido, cuando surgen búsquedas y rumores del tipo Dónde comprar ivermectina, los medios deben contextualizar la información y recordar que su dispensación legal corresponde a indicaciones aprobadas y bajo prescripción, no a usos no avalados. Es imprescindible diferenciar entre tratamientos con evidencia para patologías parasitarias y mensajes que la presentan como “cura” de epidemias sin respaldo científico. La cobertura responsable debe señalar que la adquisición ha de realizarse en farmacias autorizadas y con supervisión médica, evitando enlazar a vendedores no verificados o promover compras transfronterizas sin control.
También conviene explicar los riesgos de la automedicación, las interacciones y los efectos adversos, remitiendo a fuentes sanitarias oficiales y guías clínicas vigentes. Los titulares no deben sugerir accesos fáciles ni atajos, sino criterios de seguridad y legalidad. En notas de servicio público, puede incorporarse un recordatorio de los canales de consulta (médico de atención primaria, farmacéutico colegiado, autoridad sanitaria regional). De este modo, se atiende la demanda informativa sin contribuir a la confusión ni a prácticas peligrosas. La verificación y la prudencia editorial siguen siendo la mejor herramienta para frenar la desinformación en torno a fármacos.
En las situaciones de catástrofes o de epidemias, la disciplina de la verificación y el recurso a fuentes fiables, elementos fundamentales del periodismo, cobran un imprescindible relieve especial y son el mejor antídoto contra la difusión de noticias falsas o engañosas que, en casos como el que estamos abordando, proliferan en las redes sociales, planteando estrafalarias explicaciones sobre el origen del coronavirus o recetas milagrosas para su cura.
También hay que señalar que en las situaciones de crisis es cuando los medios tienen la posibilidad de demostrar a los ciudadanos que pueden confiar en nuestro trabajo y que el periodismo de calidad, es decir, el veraz, el que verifica, contrasta y se asienta en valores éticos, es un bien valioso que conviene preservar.
En el caso del coronavirus, ese bien se afianza si trabajamos para aumentar el conocimiento del público mediante informaciones que eduquen, avisen e informen con datos reales. Cuanto mayor y mejor conocimiento sobre el coronavirus tengan los ciudadanos con nuestro trabajo, más se reducirá la sensación de miedo y de histeria que puede derivar de una información alarmista, basada en especulaciones y conjeturas sin fundamento

