Antonio Petit, un presidente que dejó huella

Por Fernando González Urbaneja
“Durante la larga trayectoria de la FAPE Antonio Petit debe figurar como uno de los presidentes que dejó huella en nuestra organización, pese a que solo ocupó el cargo dos años, un período de transición (1993-94)”

petit almeriaVivimos tiempos líquidos, olvidadizos, afectados por ese adanismo que lleva a la superficialidad y sucumbe a la extravagancia; a mirar atrás con resentimiento, déficit de reflexión y exceso de seguridad muy improbable. La falta de consciencia acerca de dónde venimos no ayuda a construir un futuro estimulante. El fallecimiento de Antonio Petit, me lleva a estas consideraciones de persona mayor, con cierto poso pesimista o revisionista de un pasado reciente y amortizado.

La trayectoria profesional de Petit es meritoria y relevante para las generaciones que protagonizaron los últimos cuarenta años, muchos de los nuevos pueden tomar nota y no olvidar. Antonio es sevillano de nacimiento, vasco de corazón, vivencias y ejercicio profesional; y finalmente, madrileño de residencia por fuerza mayor este siglo.

Durante la larga trayectoria de la FAPE Antonio Petit debe figurar como uno de los presidentes que dejó huella en nuestra organización, pese a que solo ocupó el cargo dos años, un período de transición (1993-94) entre las etapas de Luis Apostua y Jesús de la Serna. Petit representaba a la Asociación de la Prensa de Bilbao, una de las más fértiles de la FAPE durante varias décadas. Por eso los colegas recurrieron a Antonio Petit como el más idóneo para afrontar una de esas etapas en las que la poderosa asociación madrileña se sume en alguna de sus crisis cíclicas. Diez años antes ocurrió algo semejante y fue Josep Pernau, de la asociación barcelonesa, quien tomó el liderazgo de la FAPE también con acierto.

De Antonio Petit recibimos el código deontológico que hoy sigue vigente con levísimos retoques. Solo por eso merece figurar en nuestro cuadro de honor. También en su tiempo nació la iniciativa, no consumada entonces, del Consejo Deontológico, constituido diez años más tarde, el 2004. Petit formó parte de ese Consejo desde su fundación y lo dejó por voluntad propia cuando cumplió su mandato, dándonos a todos la lección de que no hay que perpetuarse, especialmente en estas organizaciones a las que se debe llegar para servir, para ser útiles, para devolver.

Antonio Petit hizo todo el recorrido del periodismo, redactor de la Gaceta del Norte, director del diario bilbaíno y, luego, promotor y director de la agencia Vasco Pres, que durante varias décadas fue uno de los actores imprescindibles y meritorios del periodismo vasco, en una de las etapas más difíciles para el ejercicio libre y responsable del periodismo. Periodismo de trinchera, bajo la amenaza terrorista que Antonio Petit y su familia, su esposa y colega Charo Zarzalejos y sus cuatro hijos, sobrellevaron con una valentía que nunca agradeceremos lo suficiente. El legado de Antonio es fértil; puede decir como el que más, “hice lo que pude” y en ese “pude” cabe mucho, más de lo que le podemos exigir.

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